Ahora me río bastante cuando recuerdo la primera cosa "pervertida" de mi vida, fue mi abuela contándome una historia inventada cuando yo tenía 9 años sobre una niña que de camino al colegio, se le acercaba un hombre dentro de su coche ofreciéndole caramelos, entonces ese hombre secuestraba a la niña y la ataba en una silla y le ponía una mordaza para que no llorara.
A pesar de que la historia pretendía ser de miedo y estaba hecha para evitar que me metiera en coches de desconocidos, en realidad me provocó una doble reacción, ya que temía la situación, por supuesto, pero al mismo tiempo me hizo sentir una especie de patada extraña al visualizarme atado y amordazado, una sensación "incómoda" que no pude comprender en aquel momento.