julio 17, 2018
Tenía muchas ganas de una buena sesión de azotes, ya que la última había sido en marzo, cuando pasé un buen rato azotado por mi Amo, y mi espalda y mi culo no habían vuelto a sentir la caricia de un solo golpe. Así que llevé en mi bolsa de juegos un par de floggers, una mordaza y correas por si encontraba a alguien de confianza, de lo contrario siempre podía ser yo elque azotara a un sumiso dispuesto.
Me encontré bajando a un sótano muy cerca de King's Cross. Me recordó un poco al antiguo bar de cruising La Base de Barcelona, el primero: pequeño, olor a sexo y sudor en las paredes y en los rincones oscuros... y una bonita cruz de San Andrés que me provocó una erección al imaginarme allí atado.

